Delta de l'Ebre
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Abril/21: vacaciones, nuevas librerías y amistades adultas

Marzo fue el mes de la desaceleración: empecé a coger el gusto a la vida lenta y tranquila, a desayunar tarde y a leer mientras tomaba el sol en el balcón. Pero esta paz mental no duró mucho, porque abril llegó para dinamitarlo todo y ponerme de nuevo en órbita. Nuevas librerías que visitar, lecturas conjuntas a través de WhatsApp, planes en Barcelona con amigas-de-la-edad-adulta, viejos proyectos que se reactivan… Abril ha sido como despertar tras el letargo hibernal.


Unos días de paz

Empezamos el mes de vacaciones. Cuando todo el mundo volvía cabizbajo de disfrutar de la Semana Santa fuera de Barcelona, nosotros cogíamos la AP-7 y huíamos dirección al sur. Queríamos escapar del bullicio de la ciudad, de las constantes vistas urbanas, de los compromisos sociales… y así poder tener unos días de paz a principios de abril. Con este objetivo en mente, nos refugiamos en el Delta de l’Ebre.

Tal y como nos pasó en verano, quedamos asombrados de la calma, el silencio y la amplitud de los espacios. Por las mañanas nos acercábamos a alguna playa para poder leer o pasear por la orilla, recogiendo conchas o piedras curiosas. El sol todavía no calentaba lo suficiente como para poder bañarnos, y el agua estaba helada para ser abril. Pero nos sentábamos en la toalla a contemplar las olas y a leer Días Apasionantes“, de Naoise Dolan. Por la tarde cogíamos las bicicletas y nos acercábamos al pueblecito de Balada, recorríamos la vía verde a lo largo del río o nos perdíamos entre los campos de arroz, aún sin sembrar.

Estábamos disfrutando de unos días reparadores, totalmente desconectados del mundo. Estábamos tan a gusto que incluso contemplamos la posibilidad de alargar nuestra estancia aprovechando que Joan podía teletrabajar. Hasta la noche del miércoles. Mientras cenábamos, pusimos el telediario y descubrimos que volvían a implantar el confinamiento comarcal. No nos lo podíamos creer. Entre lágrima (sí, lloré de rabia e impotencia), decidimos volver el jueves por la noche, respetando las restricciones por la pandemia.

El viaje de vuelta fue como una muerte lenta. El tiempo acompañaba, ya que el cielo estaba totalmente encapotado y soplaba un aire horroroso que parecía querer mandarnos de vuelta a casa lo más rápido posible. Deshicimos camino intentando mantenernos animados, pero con la sensación de que volvíamos directamente a una jaula de la cual no sabíamos cuando volveríamos a salir. Solo habíamos tenido cuatro días de vacaciones y nos habían sabido a poco.

Nuevas librerías: Finestres

Por suerte, al volver a Barcelona había un montón de novedades con las que entretenerse. La más esperada era la apertura, a mitad de abril, de una nueva librería en el corazón del Eixample: la Llibreria Finestres. Hacía algún tiempo que oía hablar de este proyecto y contaba los días para poder acercarme y conocer el espacio, ubicado en la calle Diputació, entre Rambla Catalunya y la calle Balmes.

Esther de @unaformiga.reads me escribió para ir por primera vez a la librería juntas el 15 de abril, y así poder conocernos finalmente en persona. Ambas somos amantes de la lectura y nos pasamos el día hablando de libros en Instagram, por lo que esta inauguración era la mejor oportunidad para vernos fuera de las redes sociales. Nos pasamos más de dos horas ojeando libros y hurgando en todos los estantes de Finestres (sin dejar de hablar, obviamente). Hasta que, muertas de hambre, nos dimos cuenta de que ya era hora de despedirnos.

El espacio de Finestres nos dejó alucinadas. No solo por la cantidad de libros, que a mí siempre me hace abrir los ojos como platos y empezar a soñar con todo lo que podría comprar y leer. Más bien por la variedad de títulos: la posibilidad de encontrar, en un mismo estante, diferentes ediciones de todos los libros de un autor y en varios idiomas me pareció una delicia. Además, Esther se perdió en la sección de literatura de viajes y yo me quedé atrapada entre los títulos asiáticos.

Desde la primera vez, he vuelto hasta en tres ocasiones y he hablado de la LLibreria Finestres a todo aquel que me ha escuchado. Aunque el proyecto me parece alucinante, también soy consciente de que juega con ventaja, ya que dispone de un presupuesto inimaginable para otras librerías. En concreto, el presupuesto para este proyecto supera lo dos millones de euros. Y es que su propietario es Sergi Ferrer-Salat, un empresario del sector farmacéutico y mecenas cultural de la ciudad de Barcelona.


La amistad adulta: felicidad desconocida

Pero lo más positivo de este mes no han sido ni las vacaciones truncadas ni las nuevas librerías que he visitado. Sin dudarlo, han sido las amigas que he ido consolidando a lo largo de los años y de las que he tomado más consciencia que nunca este mes de abril. Amigas de la edad adulta, como me gusta llamarles.

Durante mucho tiempo quise encajar en mi entorno: en el grupo de amigas, en la clase, en la pandilla del pueblo. Para conseguirlo, creía que tenía que adaptarme, que cambiar mi forma de ser, para así poder gustar a los demás. Esta creencia hacia que el proceso de socializar fuese un suplicio, desanimándome a seguir intentándolo y alejándome de la gente de mi entorno.

Como escudo para protegerme, me convencía de mi timidez, de mi mal carácter y de mis pocas habilidades sociales. Pero con el tiempo he entendido que no soy una especie rara que transita al margen de la sociedad, y mucho menos una persona insegura y pasota. Simplemente no había encontrado mi círculo: esas personas con quién comparto gustos e intereses, con quién siento una conexión especial. Ahora veo que estaba intentando encajar con calzador en un sitio que no era el mío, sin darme cuenta del impacto que tenía en mi estado de ánimo y en mi personalidad.

Por suerte, cuando empecé a trabajar conocí a mi “primera amiga de la edad adulta”, Araceli. Recuerdo lo extraño que me parecía al principio tener a alguien cerca con quien siempre podía hablar o quedar, que siempre estaba dispuesta a hacer planes y disponible para mí. Con el tiempo entendí que ese interés y entusiasmo son los que muestra una amiga y, mantenidos a lo largo de los años, acaban formando una amistad.

Pero no solo he encontrado grandes amigas en el entorno de trabajo, sino también en las redes sociales. Durante años he leído posts de gente agradecida por todo lo que le había aportado Instagram, un agradecimiento que no podía entender. Pero ahora, tras encontrar una pequeña comunidad de chicas lectoras, medioambientalmente implicadas y socialmente activas, yo también debo dar las gracias a esta plataforma.

Gracias a Clàudia este abril me animé a acercarme a Matchas Gracias y disfrutar de su carta; Esther y David nos visitaron un domingo en el barrio, tomamos el vermut en Bodega Amposta y merendamos tarta de fresas vegana en casa; con Clàudia y Silvia almorzamos en Mirch, el indian garito de Tandoor; y con Esther y Sara disfrutamos del día de Sant Jordi por el centro de Barcelona.

Porque como todo, Instagram también tiene un lado positivo, solo hay que saber encontrarlo.


Mayo es mi mes: primavera en su máxima esplendor, mi cumpleaños, días largos y el verano empieza a vislumbrarse a finales de junio. No puedo negar que mi humor y mis ánimos mejoran por momentos, en paralelo a la subida moderada del termómetro. Me siento optimista, aunque tengo pequeños momentos de pánico por la incertidumbre del futuro. Por ahora quiero ir paso a paso, pensando a corto plazo. Aprovechar el tiempo disponible para dar paseos, bañarnos en el mar por primera vez este año y recargar las pilas de vitamina D mientras leo todos los títulos que tengo pendientes.

Aina,

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