Ecoturisme Can Buch
Viajes por España

Can Buch: ecoturismo de proximidad

Sin saberlo, el año pasado iniciamos una tradición con Joan para celebrar nuestros cumpleaños. Ambos son en primavera, uno a principios de mayo y otro a finales de junio, una de las mejores épocas del año. Así que, para aprovechar el inicio del buen tiempo, nos regalamos mutuamente un fin de semana en un hotel con encanto en Cataluña.

En junio de 2020 nos escapamos a Les Hamaques, un pequeño paraíso en la Costa Brava cerca de Pals. Pero este año, con la apertura de los hoteles y los restaurantes a turistas nacionales y extranjeros, fue imposible reservar un hotel cerca del mar para esas fechas: en mayo estaba ya todo reservado hasta octubre.

Así que decidimos buscar algo más alejado, que no estuviera en la costa, pero que nos permitiera desconectar unos días. Y entonces me acordé de un hotelito pequeño, muy bonito y perdido en medio de la montaña que había descubierto a través del perfil de Carla: Can Buch.

Y tuvimos la suerte de encontrar un hueco libre en septiembre.


Llegada bajo una tormenta de verano

Llevábamos todo el verano soñando con la llegada de septiembre, con el momento de visitar Can Buch. Esta masía del 1621 se erigía en nuestra mente como un remanso de paz, como un paréntesis del bullicioso verano de Barcelona y una forma de compensar la calurosa escapada de agosto al Pirineo.

Nos imaginábamos tomando el sol en el jardín, leyendo en las tumbonas cerca de la biobalsa, haciendo excursiones por la zona y comiendo nuestro pícnic en medio de la naturaleza. Unos planes que se vieron amenazados por la previsión de lluvia, una lluvia de verano que nos recibió al llegar.

Recorrimos los treinta quilómetros que separan Can Buch de Girona bajo un aguacero torrencial. Apenas podíamos ver la carretera, y más tarde nos pareció perdernos por el camino de tierra que se adentra en el bosque, dirección a la casa. En ese momento, mientras guiaba como podía a Joan, maldecía el pronóstico meteorológico por arruinar nuestra escapada de fin de semana.

Pero al llegar a la habitación y oír las gotas cayendo con fuerza en medio de un silencio absoluto, se me pasaron todos los males. Acercamos las mecedoras a la puerta y nos sentamos a leer hasta que paró de llover. Entonces nos bañamos en la biobalsa, una piscina llena de plantas que se limpia de forma natural y que funciona sin sal ni cloro, visitamos las gallinas y observamos las estrellas desde el jardín.


Senderdsimo por la ruta de las ermitas

No puedo describir la felicidad y el alivio que sentí al ver que amanecía un cielo azul, intenso y despejado. ¡Apenas había cuatro nubes! Asesorados por Flor, la recepcionista del hotel, y tras un desayuno de campeonato, decidimos visitar las ermitas de Sant Roc de la Barroca y de Santa Lena de Sobreroca.

La ruta completa incluye 4 ermitas, pero como nos apetecía volver a comer a Can Buch, decidimos recorrer solo la mitad del camino. Fue una excursión de unas dos horas en la que tuvimos unas vistas increíbles (con halcón incluido) y en la que encontramos un par de geocachings para la colección de Joan. Fue un placer atravesar el bosque todavía húmedo y lleno de barro, respirando aire limpio y en completo silencio.

Pero lo más reconfortante fue volver a Can Buch para una sesión de Spa Hammam al anochecer. El espacio consta de una pequeña piscina de agua caliente que se puede reservar por horas y por habitación, donde relajarse con música y luz tenue mientras disfrutas de una cerveza artesana elaborada por el chef de la masía. O eso hicimos nosotros.


Pícnic vegano en la biobalsa

Uno de los mejores servicios con los que cuenta Can Buch es, sin duda, la cocina. Al registrarnos en la habitación nos preguntaron por alergias, intolerancias y preferencias, una clara demostración de la atención y el cariño que ofrecen a través de su gastronomía. Teniendo en cuenta mi intolerancia a la lactosa, a la fructosa y al sorbitol y mi dieta casi vegana, este gesto me transmitió mucha confianza.

Y mis expectativas se quedaron cortas. Para desayunar nos esperaba un increíble bufé de mantequillas, mermeladas, panes, pastas, embutido km 0, leches de todo tipo y yogures de coco caseros. Al mediodía engullimos el contenido de la cesta take-away cerca de la biobalsa. Y cenamos como en los mejores restaurantes de la ciudad, degustando deliciosas opciones vegetarianas y veganas, pero también con platos de carne y pescado.


Tan cómodos como en casa

También aprovechamos para «estar» en la casa, para pasar tiempo descansando en las diferentes estancias. Observamos la vida en la biobalsa, los campos de olivos y las montañas desde el pequeño mirador. Leímos en los sofás del comedor imaginando cómo debía ser pasar allí el invierno, con la chimenea encendida y un frío penetrante envolviéndolo todo. Retozamos en la enorme y comodísima cama de nuestra habitación hasta caer rendidos.

Nos sentimos acogidos especialmente por Lali, el alma de Can Buch, quien nos contó los orígenes del proyecto. Fue idea de su hijo Gerard, quién soñaba con alejarse de la ciudad y vivir más cerca de la naturaleza. Para ello buscaron una masía en runas donde poder crear un hogar autosuficiente y ecológico, que más tarde acabó convirtiéndose en uno de los hoteles más sostenibles de Cataluña.

Esta sostenibilidad se materializa en muchos aspectos, pero uno de los más presentes es la construcción: la masía se remodeló siguiendo técnicas tradicionales y empleando materiales naturales. Por ejemplo, se puede observar la disposición de las tejas rojizas desde el mirador o tocar las gruesas paredes de barro del comedor.

Además, Can Buch es un hotel 100% autosuficiente: toda la energía se genera a través de los medios naturales del entorno y los residuos que se generan se gestionan para su posterior reaprovechamiento. La luz se obtiene de las placas solares instaladas en el jardín trasero, el agua se recoge de la lluvia y se trata para su potabilización y la calefacción funciona gracias a la leña que se recoge sosteniblemente de los bosques más cercanos.

Para nosotros, esta filosofía fue uno de los aspectos más curiosos de Can Buch y también un ejemplo clarísimo de un modelo alternativo que funciona con éxito.


Volveremos pronto

El fin de semana en Can Buch era la desconexión que necesitábamos. Descansamos profundamente, comimos sano y delicioso, y disfrutamos del entorno natural y de la casa. Pocas veces encontramos hoteles o casa de alquiler en las que nos sintamos tan cómodos y bien acogidos.

No sabemos cuando, pero después de esta experiencia, estamos seguros de que tarde o temprano volveremos.

Aina,

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