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Enero/21: Flores, libros y ramen casero para un mes gris

Los primeros días del año me parecen lejanos, como si hubieran sido hace mucho, mucho tiempo. A principios de enero amanecíamos en el Maresme, con vistas al Mediterráneo desde la cama, rodeados de pinos y con mucho silencio. Tomábamos el sol por la mañana, encendíamos la chimenea por la tarde, y leíamos en el sofá hasta la hora de la cena. Dado el contexto de aislamiento social, decidimos pasar las vacaciones de invierno solos, tranquilos y sin muchas obligaciones. Y lo conseguimos.

Pero la vuelta a la realidad fue un golpe bastante duro. En Barcelona parecía que la gente ya no estaba preocupada por la pandemia: hablaban animadamente en el transporte público, no respetaba las distancias de seguridad y cada vez veía más mascarillas tapando la papada en vez de la boca y la nariz. Esta situación, junto con el incremento de casos de Covid-19 y su difusión insistente en las noticias que leía mañana, mediodía y noche, así como algunos casos cercanos de contagio, empezaron a provocar en mí una irritabilidad intensa y un pesimismo extremo.

Estaba notando los efectos de la pandemia de forma más intensa durante los primeros 30 días de enero que en todos los meses con restricciones del 2020.

Sensibilidad floral para desconectar

Durante las primeras tres semanas de enero todavía mantuve un cierto buen humor y ganas de salir y hacer planes. Durante esos días disfruté mucho del taller de composición floral que Joan me había regalado por Navidad: una tarde de viernes, un atelier en Poble Nou, ocho mujeres y un montón de flores por cortar, limpiar y colocar. Llevaba mucho tiempo siguiendo a las chicas de Alblanc Atelier y fue un placer poder conocerlas en persona y pasar un rato en su bonito taller.

Pero el sentimiento de tristeza empezó a enrocarse en mi cabeza. Añoraba los días de tranquilidad cerca de la playa y me frustraba no poder salir de la ciudad para desconectar; echaba de menos a mis amigas, poder reunirnos para celebrar los cumpleaños de enero y para charlar durante horas; sentía como todo el peso de la responsabilidad y la presión por cumplir las normas sanitarias me estaba volviendo paranoica, llevándome a encerrarme en casa para sentirme segura.

#Stayhome voluntario: libros, HBO y ramen

Durante esos días de reclusión voluntaria vaciamos el armario, nos hicimos fotos y pusimos alguna de nuestras prendas de ropa a la venta en Vinted; leímos hasta la extenuación a Murakami, a Júlia Bertran, a Jostein Gaardner y a Virginia Woolf; cocinamos mi vieja receta de ramen “de estar por casa”; y devoramos la serie de Heridas Abiertas en HBO (y su banda sonora en Spotify). Dormimos hasta tarde, limpiamos cada rincón del piso y tomamos el sol en balcón como si hubiésemos vuelto a marzo de 2020. Nuestro gran hito fue una excursión hasta el restaurante de Poble Nou Comida Codac, que desgraciadamente fue una total decepción, y acercarnos a la playa de Llevant para ver a los surfistas perseguir las tímidas olas del temporal Hortensia.

Por suerte, y con la ayuda de mi terapeuta, en la última semana del mes tomé ciertas decisiones para cuidar y mejorar mi salud mental. Sentía que vivía en una negatividad constante y no sabía como reflotar mi estado de ánimo. La terapeuta me propuso reducir la exposición a los medios de comunicación, en especial dejar de ver los informativos con tanta frecuencia; volver a quedar con los amigos de forma segura, manteniendo las distancias y con mascarilla, para poder desconectar y sentir los beneficios de socializarme; y evitar aquellos puntos concretos que me generaran un estrés recurrente, como el transporte público.

Self-care en tiempos de pandemia

Así que me animé a reunirme con las chicas de #ElClubBovary para comentar el libro “M’estimes i em times. Todas coincidimos en cómo la autora nos había derretido la mente con sus dibujos, sus entrevistas y reflexiones sobre género, sexo y feminismo. Ese encuentro fue como un chute de positivismo, salí sintiéndome más contenta y enérgica. También hice un curso de costura en Duduá, para poder aprovechar la máquina de coser que me regalaron en Reyes. Compré flores en La Femme Floral y empecé a pensar en la opción de comprar una bicicleta para poder ir al trabajo más tranquila.

Quizás no sean las formas convencionales de amor propio y autocuidado, pero la verdad es que estos pequeños gestos han conseguido distraerme y hacerme ver el final del mes un poco menos gris.

Aina,

2 Comments

  • Marinaicemoon

    Leer tu post me ha hecho poner palabras a muchos sentimientos y situaciones de este pasado mes de Enero. Soy de Igualada y tengo la sensación de estar atrapada en esta ciudad, me encanta pasear y estar en nuestro bonito hogar , pero hecho de menos las escapadas al bosque a recolectar lo que la naturaleza nos da en cada momento para poder crear cosas, también el poder ver un atardecer en cualquier lugar de nuestra maravillosa tierra! Soy optimista pero a la vez realista y veo cada vez mas mascarillas aguantando la nariz que cubriéndola y eso me molesta , porque de esos actos sufrimos los demás las consecuencias.
    Me ha encantado leerte, este mes de Febrero lo voy a dedicar a purificar mi casa con productos ecológicos, a preparar mi huerto urbano en mi trocito donde casi puedo tocar el cielo. Espero leerte pronto!

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