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Julio/21: FOMO veraniego y todos los planes posibles en Barcelona

Visto con perspectiva, en julio no he tenido ni un momento de descanso: exposiciones, restaurantes, salidas, proyectos, gestiones… Como cada año, los días que preceden agosto me contagian de esta prisa, de este frenesí por dejarlo todo terminado, por tachar tareas de todas mis listas, antes de irme de vacaciones. Quizás esto explique mi agotamiento, tanto mental como físico, y la necesidad imperiosa que siento por huir de la ciudad y alejarme de este ritmo frenético.


Todo lo que quería ver

Nunca me ha gustado especialmente el verano. Y no solo por el calor, la humedad, lo difícil que es dormir o por la pesadez que siento en todo el cuerpo. El motivo principal es el miedo a quedarme sola, a sentirme lejos de todos, sin planes y sin amigos con los que pasar el tiempo. La falta de rutinas y la dispersión por vacaciones siempre me han producido cierto vértigo y sensación de soledad.

Pero este año ha sido completamente diferente. De forma inusual, mi padre, con quien comparto intereses culturales y artísticos, ha gozado de dos meses de vacaciones. Es por ello que hemos podido disfrutar juntos de algunas de las mejores exposiciones en Barcelona este mes de julio, como la de Escher en el Museu Marítim, o la de las Brown Sister, en la Fundación Mapfre.

Aprovechando este ímpetu cultureta, nos aceramos con Joan hasta el Museu del Disseny. No solemos frecuentar este centro de exposiciones, ya que queda lejos de casa y requiere una excursión hasta el Poble Nou. Esta vez, pero, el monográfico sobre Enric Miralles mereció la pena. Aprovechamos también para comer en Väcka y darnos una vuelta por el barrio.

También en julio conseguimos visitar de forma gratuita el Pabellón de Mies van der Rohe. Vivimos a menos de cinco minutos andando de este espacio, construido en 1929 para la Exposición Universal de Barcelona, y todavía no lo habíamos visitado juntos. Y, aunque pase el tiempo, este pabellón siempre sigue transmitiéndome una sensación de paz y orden increíble.


Todo lo que quería comer

Además, algunas de mis compañeras del curso de Project Management en IED también disponían de mucho tiempo libre. Así que entre clase y clase he aprovechado para tomar el brunch con Claudia en Ugot, uno de mis restaurantes favoritos. También nos escapamos al Garraf para celebrar el fin de las clases y disfrutar de la playa entre semana.

Con el resto de compañeras buscamos un local cerca de la escuela para poder celebrar nuestra graduación. Queríamos un sitio bonito, tranquilo y con clase, y que tuviera opciones para todas en el menú. Hacía tiempo que quería visitar el restaurante de Seventy Barcelona y resultó ser la ocasión ideal. Cenamos en una gran mesa en el patio, bajo la sombra de los olivos y disfrutando de una brisa insólita en plena ola de calor. Me gustó tanto que repetí el cabo de poco, con Joan, y pasamos toda una tarde trabajando en este pequeño oasis urbano.

Este mes de julio es el cumpleaños de mi hermana pequeña. La celebración siempre se convierte en una excusa para juntarnos antes de dispersarnos en nuestras vacaciones. Esta vez nos encontramos en Barcelona, en un pequeño restaurante en Gràcia llamado La Panxa del Bisbe. Es algo desconocido, ya que queda alejado de la zona más concurrida por los turistas y su fachada no deja adivinar lo que se esconde en el interior. Pocos días después de cenar allí, Rosalía lo nombró como uno de sus restaurantes favoritos de la ciudad y todavía nos reímos de la coincidencia.

Y por último, tache de mi lista uno de mis restaurantes pendientes: Sartoria Panatieri. Un local enorme, reformado, que mezcla el estilo industrial y los muebles restaurados, que huele a pizza y a mascarpone recién batido. Hacía tiempo que no comíamos en un italiano y esta vez lo disfrutamos, sentado delante del horno y observando el ajetreo de los pizzeros.

Aunque he tomado café y tarta en otros locales, estos cuatro han sido mis grandes descubrimientos de este mes de julio.


Todo lo que quería hacer

Y por último, el motivo de mi estrés y mi ansiedad de este verano. Si bien es cierto que he realizado muchas gestiones por cuestiones laborales estos días, algunas de las cuales me han sacado literalmente de mis casillas, las tareas que he hecho por voluntad propia han sido el mayor foco de presión. Pensándolo con perspectiva, me doy cuenta de que he abarcado mucho más de lo que mi cabeza era capaz de gestionar (y mucho más de lo que realmente podía producir).

Empecé el mes con un taller de cerámica en Recrea, un regalo de mis amigas que deberíamos haber disfrutado en mayo. Por calendario y por suerte lo pospusimos hasta julio, ya que mi hermana me regaló el mismo taller en el mismo centro. Toda una casualidad, la verdad 🤯 Fue curioso porque lo disfruté tanto o más que la primera vez, en la que no tuvimos tanto tiempo ni toda la atención de la profesora, pero también volví a sentir esa presión por hacerlo bien, por conseguir algo bonito y útil.

Quizás en ese momento ya estaba agobiada, aunque no era realmente consciente de ello.

Julio era mi último mes de clases de costura con Bibi en Duduá. Era el tercer mes y ya empezaba a notar el cansancio de la monotonía. Sentía que el curso avanzaba algo lento y que tenía ganas de hacer patrones diferentes y experimentar con todo tipo de telas. Quizás pequé de exceso de confianza, porque me embarqué en dos proyectos que me han generado mucha ansiedad y frustración.

Por un lado, elegí uno de los patrones de la revista Fibre Mood, un crop top de tirantes y con vuelo, que quería hacer con los restos de un proyecto anterior. El top Viola se acabó convirtiendo en una pesadilla por mi impaciencia, y tuve que repetirlo porque había quedado demasiado pequeño. Lo acabé por cabezonería, pero ojalá hubiese disfrutado más del proceso y de l aprendizaje, y no hubiese estado tan obsesionada con acabarlo.

El segundo proyecto es todavía más descabellado. Y es que para el cumpleaños de mi hermana quise regalarle algo hecho por mí. Mi idea principal era hacerle un bolso, una tote bag o alguna otra prenda fácil, partiendo de un patrón y sin muchas complicaciones. Pero fuimos juntas a elegir la tela en Ribas y Casals y se enamoró de una tela con caída, perfecta para una falda de verano. Así que aquí estoy, buscando patrones que cumplan todos sus requisitos.


Un poco de tranquilidad, por favor

Con toda esta actividad, me ha quedado poco tiempo para leer y descansar. Aun así, y sin saber cómo, he conseguido leer tres libros, dos de los cuales me han dejado bastante indiferente. Quizás ha sido por mi falta de concentración, ya que cada vez que abría un libro tenía que releer varias veces las primeras frases hasta que lograba entenderlas. Espero recuperar mi atención lectora pronto, pues ha sido una tortura tener la cabeza tan alborotada.

Por suerte, a finales de julio conseguí hora para vacunarme. Hacía mucho tiempo que quería hacerlo, que sentía que debía hacerlo. Pero me era imposible conseguir hora para mí y para Joan. Cuando finalmente me vacuné, estaba aterrada por todo lo que mis amigas habían sufrido. Así que nos fuimos a Sant Vicenç de Montalt para estar tranquilos y poder descansar si me encontraba mal. Pero no fue así.

Pasé la tarde recostada en el sofá, leyendo “Carol” y comiendo chocolate. Me sentía agotada, pero no fui capaz de saber si era por todo lo que había vivido este mes de julio o por el efecto de la vacuna. Así que simplemente me dejé llevar e hice lo que me pedía el cuerpo: nada. La mañana siguiente me desperté bastante animada, así que nos acercamos a Arenys de Munt para pasear y tomar algunas fotos. No me podía creer la suerte que había tenido.


Agosto se presenta, por fin, algo más tranquilo. A mediados de mes nos iremos de vacaciones: pondremos rumbo al norte y visitaremos los Pirineos. Nuestra intención es alejarnos de la ciudad y pasar unos días relajados, rodeados de bosque y mucho silencio. Siento más que nunca que necesitamos cargar pilas antes de empezar de nuevo la rutina, en septiembre.

Aina,

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