Sant Vicenç de Montalt
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Junio/21: equilibrios, momentos a solas y planes para dos

Y en junio pasó todo. Ya lo sentía en mayo. Esa contención, la espera ansiosa, el pecho a punto de reventar por todo lo que estaba por venir. Los planes en mi cabeza dando vueltas de un lado para el otro, sin dejarme descansar. Por eso junio ha sido un mes de estrés, de tensión, de cruzar los dedos, de esfuerzo, pero también de momentos de paz y de olor a verano.


Encontrar el equilibrio

Empecé el mes sintiéndome productiva, mucho más que en los últimos meses. Sentía que todo lo que se había estado cociendo finalmente estaba pasando por un embudo e iba tomando su forma final. Me volqué en mis estudios en el IED, que me requería muchísimo tiempo y esfuerzo; en mis lecciones de costura, tras las cuales seguía practicando en casa; y en mis lecturas, aprovechando casa segundo libre para leer.

Por suerte, hicimos algunas pequeñas escapadas de fin de semana para despejarnos y tomar aire. Un sábado lo pasamos en Altafulla, el pueblo de veraneo de mi infancia. Tomamos el sol, comimos cerca del mar, paseamos por el caso antiguo rodeado de murallas y buganvilias. También pasamos el fin de semana de San Juan en el Delta del Ebro con mis padres. Sin preocupaciones, leímos en la playa y recogimos montones de basura de entre las rocas.

Estos momentos de desconexión me han ayudado a mantener el equilibrio este mes de junio.


Momentos a solas

Joan y yo vivimos en un pequeño piso de menos de cuarenta metros cuadrados. Sin paredes, sin separaciones, sin mucha privacidad. Él trabaja la mayor parte de los días desde el escritorio junto a la cama, y yo ocupo la mesa del comedor. No siempre es fácil coordinarnos y respetar el espacio del otro, por lo que siempre que puedo intento pasar tiempo a solas fuera de casa.

Ir a trabajar a una cafetería cercana es algo que he empezado a hacer este mes de junio. Mi favorita, después de haber dado algunas vueltas, es Sabio Infante, en el barrio de Gràcia. Es un espacio luminoso, con mesas y sillas de todas las formas y colores, en la que me siento integrada, como si fuera yo también miembro de su staff. Suele estar tranquilo y el ruido de la cafetera es un trasfondo perfecto para concentrarse.

Antes de ir a conectarme desde la cafetería, las mañanas que no tengo mucho tiempo, paso por la Fleca Fortino. Compro un croissant de espelta, unas magdalenas de naranja y chocolate, o cualquier pan de su escaparate y me lo como de camino, sin poder esperar.

Otro espacio en el que también me he sentido muy a gusto ha sido La Central del Raval. Aunque me pareció extremadamente caro y muy enfocado a los turistas, este espacio que combina librería y cafetería es una delicia llena de sombras donde leer durante horas.


Planes para dos

Pero no paso todo mi tiempo libre sola, obviamente. Este mes de junio quedé con mi amiga Manuela para comer en Pappa Sven. Las dos tenemos una fascinación por el mundo nórdico desde hace años, quizás incluso sea una de las coincidencias que más nos unen. Así que, después de oírle hablar tanto y tan bien de este restaurante sueco, finalmente nos citamos para disfrutarlo juntas. Y fue todo un acierto.

A mitad de mes, bajo un sol de justicia y con una humedad absurdamente disparada, Clàudia y yo fuimos al Mercat de les Flors sobre flores y vegetación. Intercambio de viveros de plantas, ramos hechos con espectaculares flores secas, cuadros e ilustraciones con motivos vegetales… Una fiesta de la botánica y la naturaleza. Así que no me pude ir sin comprar unas ilustraciones de Gala Pont, que hemos colocado en el pilar magnético del pasillo.

Antes de una tediosa clase en el IED, mi otra amiga Claudia (esta sin tilde, costarricense), me llevó a tomar mi primer Bubble Tea. Fue en Bubbolitas Barcelona, un local que ella frecuentaba en París, ciudad en la que vivió mientras estudiaba Diseño Gráfico.

Como Joan y yo pasamos mucho tiempo en casa trabajando, este mes hemos empezado a tener citas. Desconectamos de nuestras tareas laborales, no arreglamos y vamos a cenar a algún sitio bonito, que nos apetezca a los dos. Y este mes fuimos a Fat Veggies. Ellos mismos se definen como un “smokehouse inspirado en vegetales”, pero para nosotros fue como entrar en una cabaña de ahumados en medio de la montaña. Es un local oscuro, con iluminación puntual y muy concreta, que huele intensamente a humo. Y donde sirven una comida y una kombucha increíblemente deliciosas.


Julio se presenta más intenso todavía, si cabe. Debo terminar todo lo que tengo sobre la mesa antes de que empiecen las vacaciones y dejar listos algunos proyectos que empezarán en septiembre. Pero lo que realmente quiere mi mente es desaparecer, tumbarme en una hamaca a la sombra y leer hasta quedarme dormida.

Aina,

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