Libros de agosto
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Lecturas de agosto: Lana Bastašić, Jaume Cabré y Eva Baltasar

Agosto es el mes de vacaciones por antonomasia: empaquetar la ropa de verano, cargar las maletas de libros y huir a algún lugar tranquilo. Siempre pienso que tendré mucho más tiempo para leer que en cualquier otro momento del año, pero no suele ser así. Y este año no ha sido diferente: aunque empecé muy optimista, mi concentración y tiempo libre me impidieron leer todo lo que quería. Aun así, he conseguido completar estos tres libros de agosto.


Atrapa la llebre, de Lana Bastašić

Como regalo de cumpleaños, mis padres me regalaron “Atrapa a la liebre” de Lana Bastašić. Fue el primero de los libros de agosto, aunque lo terminé unos días antes de irnos de vacaciones. Aun así, la historia que narra la autora bosniana me dejó tan intrigada que estuve dándole vueltas durante semanas, intentando encontrarle el sentido.

Todavía recuerdo claramente el inicio, cuando Sara recibe la llamada inesperada que pondrá patas arriba su vida. Obediente e hipnotizada, abandona Dublín para recoger a su vieja amiga Lejla, de quien no sabe nada desde hace más de diez años. Cuando se encuentren en Mostar empezarán un roadtrip que les llevará hasta Viena. El suyo será un reencuentro en forma de viaje a través de la oscura Bosnia, un país de las maravillas yugoslavo digno del mismo Lewis Carroll.

Me habían advertido de la tensión y de la sensación de desasosiego que generaba este libro de Lana Bastašić, pero yo solo he podido sentir desconcierto y presión. Presión para que Sara condujera más rápido, para que Lejla se formase en mi mente como una forma coherente y para que pasaran rápido las páginas hasta llegar al destino final y se resolviera el misterio.

Pero no conseguí la clave para hacerlo. Tras acabar el libro, sentí que se me había escapado algún detalle, alguna señal que diera sentido a toda la aventura. Me he sentido como la Alicia de Carroll, embelesada y perdida, persiguiendo una liebre temerosa y atrapada en los recuerdos del pasado. Atrapada en las versiones de nosotros mismos que ya no existen y en los detalles que ha congelado nuestra memoria colectiva.

La lectura de “Atrapa la llebre” me dejó cierto sabor amargo, y un poco reticente a empezar otro libro.


Les veus del Pamano, de Jaume Cabré

A finales de primavera decidimos pasar parte de nuestras vacaciones de agosto en el Pirineo de Lleida, en el pequeño pueblo de Gerri de la Sal. Aunque ambos habíamos estado por la zona anteriormente, haciendo excursiones o descansando con la familia, sabíamos muy poco de su historia y de sus tradiciones. Así que, aprovechando la ocasión, decidí buscar libros inspirados en los diferentes valles de esta región y en sus habitantes.

Gracias a una página web sobre itinerarios literarios del Ayuntamiento de Sort, encontré “Les veus del Pamano“. Conocía esta novela de Jaume Cabré, pero nunca me había atraído lo suficiente como para dar el paso y leerla. Esta vez, pero, pensé que encontrarme en el corazón geográfico de la acción me ayudaría a imaginar de forma más realista la historia. Y ahora, viéndolo con perspectiva, creo que no habría encontrado mejor momento para leer esta obra sobre la posguerra en el Pirineo leridano.

Debo admitir que las primeras páginas no fueron fáciles. Jaume Cabré mezcla diálogos directos e indirectos, la voz de un narrador omnipresente e incluso los pensamientos de muchos de sus personajes. Pero, tras leer más de 600 páginas, he conseguido reconocer la singularidad de cada voz, de cada acento y de cada historia.

Un alcalde conocido como el “verdugo de Torena”, una señora acaudalada que busca vengar la muerte de su padre y de su germano a manos de los republicanos, un maestro barcelonés destinado a un pequeño pueblo del Valle de Àssua y una profesora que, cincuenta años más tarde, quieren saber la verdad. Un relato que empieza de forma inocente y que Cabré va tejiendo poco a poco, dosificando la información, jugando con el tiempo y la paciencia del lector, hasta conseguir un final redondo.

Gracias a esta experiencia literaria he disfrutado del viaje de otra forma, imaginándome los maquis atravesando las escarpadas montañas de Gerri de la Sal, asaltando el valle desde Tírvia, recuperándose cerca del río en su paso por Llavorsí o los falangistas, ansiosos, esperándoles en Altrón o escondidos detrás de cualquier curva. Y es que, durante esos días, sentí que era parte viva de esta historia.


Permagel, de Eva Baltasar

Tras leer “Les veus del Pamano” sentía que había recuperado mi interés lector y que, de alguna manera, mis libros de agosto solo podían ir a mejor. Así que finalmente decidí leer a Eva Baltasar, de quien estaba postergando la lectura por miedo al desengaño. “Permagel” llevaba solo un par de semanas en mi mesita de noche, pero lo pensaba con desconfianza, como me suele pasar con los libros que se han hecho muy populares o que han sido muy aclamados por la crítica.

Algunas amigas me advirtieron de la tristeza que contenían estas páginas, de las pocas ganas de vivir que me quedarían tras leerlo. Pero no fue así. Tampoco me hizo alucinar ni me sacudió por dentro, como les pasó a Eva Piquer y a muchos otros, quienes lo aclamaron en su lanzamiento. Por desgracia, y para resumirlo en pocas palabras, “Permagel” me ha dejado indiferente.

“¿De qué iba todo esto?” ha sido el único pensamiento que mi cerebro ha sido capaz de producir al llegar al final del libro de Eva Baltasar. Azorada, he repasado rápidamente los capítulos sobre las aventuras lésbicas de la protagonista, sobre sus estratagemas para pasar todo el día leyendo y sobre sus pensamientos suicidas que nunca se materializan. Y no he podido encontrar la historia de esta heroína mundana que prometía la sinopsis.

Para acabar de hacerlo todo más difícil, el estilo de la autora ha hecho que en muchos momentos la lectura fuera tortuosa y la historia inabarcable. Retorcida, excesivamente poética e incluso fría, la prosa de Baltasar me ha impedido conectar y disfrutar de “Permagel” como algunos me habían prometido.

Tengo claros los motivos por los cuales no me ha gustado el libro, pero no puedo evitar pensar que me he perdido algo. Siento que dentro de este libro hay escondida una historia que no he sabido ver. Una historia que cautivó a los demás hasta el punto de considerar “Permagel” uno de los mejores libros del 2018. Y es que quizás, mi capa interior de hielo permanente, es más gruesa de lo que pensaba.


¿Y en septiembre?

Septiembre se plantea muy ajetreado, por lo que mis expectativas lectoras serán algo más relajadas: no creo que consiga llegar a los tres libros de agosto. Además, me he puesto como objetivo vaciar el montón de libros para leer que esperan en mi estantería, que ya suman más de treinta. Quiero, de aquí hasta finales de año, poner en contador al mínimo y así empezar un 2022 con la mente más despejada. ¡Espero ser capaz!

Aina,

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