Libros de septiembre
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Lecturas de septiembre: Le Tellier, Sohn, Honeyman, Cisneros y Sosa

Creo que nunca había leído tanto, ni tan distinto. Los libros de septiembre han sido muchos, y todos ellos de géneros diferentes: la ciencia-ficción soft de Le Tellier, la literatura juvenil de Sohn y de la magnífica Cisneros, el tierno coming of age of de Gail Honeyman y la dura autobiografía de Camila Sosa Villada. Y aun así, he disfrutado poco. Siento que el placer que antes sentía cuando leía se ha convertido en una actividad autómata. Me cuesta concentrarme, llegar a sumergirme en la historia, y no hago más que leer una línea tras otra sin entender por qué ni cómo.

Aun así, he conseguido terminar 5 títulos.


La anomalía, de Hervé Le Tellier

Por si nunca lo había dicho: no soporto la ciencia-ficción. No sé exactamente cuando empezó mi aversión por este género, tanto en el campo literario como en el cinematográfico, ni qué experiencia traumática lo desencadenó. Pero desde que tengo uso de razón me he oído repitiendo una y otra vez esta afirmación, hasta el punto de convertirla en una seña de mi identidad literaria (¿eso existe?).

Por todo esto, cuando en el Club Bovary escogimos «La anomalía» como lectura de verano, sentí pánico. Pánico, desencanto, pereza, desafección y todos los sinónimos que nos propone la RAE juntos. No tenía ningún interés ni motivación alguna para leer este libro de ciencia-ficción, a pesar de haber recibido el Premio de la Sociedad Literaria Goncourt. Pero decidí afrontarlo rápido, así que fue el primero de los libros de septiembre.

Hervé Le Tellier

Pero… ¿Cuál era el punto de formar parte de un club de lectura, sino precisamente, salir de mi zona de confort y descubrir nuevos géneros y autores? Así que lo compré con algunas reservas y he conseguido leerle. En-te-ro.

Y debo reconocer que, en algún momento, incluso lo he disfrutado.

Hervé Le Tellier escribe sobre un vuelo accidentado, víctima de un hecho incomprensible, que cambia la vida de sus pasajeros y tripulación de un día para el otro y de forma irreversible. Un relato de ciencia-ficción tan actual, tan producible y que el autor llena de tantos detalles, secretos y personajes creíbles, que fácilmente podría convertirse en real.

A pesar de ser compleja, rebuscada y difícil de seguir en algún momento, «La anomalía» es una novela ingeniosa y original. Un libro que puede convertirse en el antídoto de aquellos que, como yo, no se cansan de repetir que no soportan la ciencia-ficción.


Almendra, de Won-Pyung Sohn

El segundo de mis libros de septiembre hacía tiempo que estaba en mi radar. Y es que hace meses, cuando leí la sinopsis de «Almendra», sentí una curiosidad tremenda por conocer a su protagonista: Yunjae.

Éste sufre alexitimia, una alteración para expresar e identificar las emociones, a menudo provocada por un trastorno del aprendizaje emocional o por una lesión cerebral. En el caso de Yunjae, sus amígdalas, las encargadas de gestionar las reacciones emocionales, no se han desarrollado como en los otros niños: solo tienen el tamaño de dos pequeñas almendras.

Por suerte, Yunjae vive rodeado de amor y afecto. La paciencia y los esfuerzos de su madre y su abuela hacen posible que pueda navegar por la vida sin grandes dificultades. Pero su zona de confort desaparece cuando ocurre un incidente horrible y se encuentra, de repente, solo en el mundo. Es entonces cuando conoce a Goni, un chico conflictivo, cargado de rabia y que utiliza la violencia contra todo lo que tiene alrededor.

Y, de la necesidad de entenderse, nacerá una curiosa amistad entre Yunjae, que no siente nada, y Goni, que siente demasiado.

Won-pyung Sohn reflexiona en esta novela para «adultos jóvenes» sobre la influencia del entorno en nuestra forma de ser. La autora surcoreana une dos personajes de espectros emocionales totalmente opuestos para reflejar la importancia de la empatía, de la voluntad de entender a los demás y de como este acto nos puede ayudar a crecer y a querer.

Tengo que reconocer que lo que más me ha enamorado de «Almendra» ha sido la idea tras el título, no tanto la narración de Sohn en sí. Me ha cautivado el reto de narrar desde una voz sin emociones, de encontrar poesía y belleza sin evocar sentimientos. Aunque no siempre lo consegue, la autora realiza un ejercicio admirable que me ha ayudado a valorar mi propia (y casi-siempre-intensa) emotividad.


Eleanor Oliphant está perfectamente, de Gail Honeyman

La protagonista del tercero de mis libros de septiembre es distante, fría y solitaria. Tanto que sus compañeros de trabajo lo comentan en voz baja por los pasillos, burlándose de ella o bien sospechando que está un poco loca. Pero es que no saben todo lo que ha vivido Eleanor Oliphant.

Y ella tampoco. No lo recuerda, o no lo quiere recordar, y vive convencida de que «está perfectamente». No se da cuenta de que está sobreviviendo, que ha anulado una parte de ella misma para evitar servir y revivir la pesadilla que fue su infancia. Solo se mantiene en la superficie.

El primer libro de Gail Honeyman es tierno y triste, pero a la vez es cálido y cómico. La de Eleanor Oliphant es una historia de superación y crecimiento personal palpable, creíble y sincera. Una lectura durante la cual es imposible no enamorarse de su singular y frágil protagonista.

Ya en las primeras páginas sentí la necesidad de abrazar a Eleanor, de consolarla y de ayudarla a vivir mejor. Quizás es por eso que, al llegar al final del libro y darme cuenta de su increíble metamorfosis, no puedo evitar llorar de felicidad. Por todo esto, decidimos incluirlo en el primer capítulo del podcast que comparto con mi amiga Clàudia, en el que hablábamos de literatura coming of age.


La casa de Mango Street, de Sandra Cisneros

El tercero de mis libros de septiembre fue fruto de una casualidad. Una de estas casualidades rutinarias, que pasan en todas partes, a todas horas. Como tropezar con el libro que buscabas, descubrir una librería nueva o encontrar «La casa de Mango Street» en la Librería La Romàntica. Hacía mucho tiempo que oía hablar del precioso proyecto libretero de Helena y también de esta perla literaria de Sandra Cisneros. Y por fin coincidimos los tres en un lugar, espacio y tiempo.

Pero mi visita a La Romàntica no era ninguna casualidad: en nuestro viaje al Delta por el puente de la Mercè había incluido una parada obligatoria, un pequeño peaje. Quería descubrir este local de azulejos pintados a mano que había nacido en Amposta el año pasado. Entre emocionada y cohibida, dejé que Helena me recomendase lecturas y me diese conversación hasta que, por el rabillo del ojo, vi esta portada turquesa.

Si conocía «La casa de Mango Street» era gracias a su editora, Marina Llompart. Había hablado del libro tan y tan bien que, a pesar de ser LIJ, llevaba tiempo en mi lista de pendientes. Pero nunca habíamos coincidido: no lo había encontrado (tampoco lo había buscado con mucho entusiasmo, para ser sincera) en las librerías de Barcelona. Y de repente aparece en un estante de una pequeña y bonita librería en la capital de la comarca del Montsià. Pura casualidad, ¿no?

Pues resulta que no, porque la auténtica responsable de esta coincidencia es Vanesa. Unos días antes había recomendado el libro de Sandra Cisneros a la libretera, Helena, y por eso había un par de ejemplares en la librería. Gracias a esta sugerencia, tuve la oportunidad de disfrutar de las curiosas y enternecedoras historias de la infancia de Esperanza en Chicago desde las playas del Delta.

Qué casualidad literaria más bonita, ¿verdad?


Las malas, de Camila Sosa Villada

Sola y perdida es como se sentía Camila Sosa en los años noventa, durante su juventud en la Córdoba argentina. De día estudiante universitaria de teatro, de noche prostituta transvestida por las calles de la segunda ciudad del país suramericano. Una doble vida volátil, llena de vivencias inverosímiles y de sentimientos contradictorios que la autora narra en «Las Malas», mi último lectura de los libros de septiembre y un pequeño terremoto moral.

La historia que explica Sosa es sobrecogedora, y quizás por eso tuve que pausar la lectura durante unos días: mi cabeza no podía procesar todo lo que estaba leyendo. Y es que «Las Malas» es un relato de violencia, de miedo y de pobreza. Una crónica del rechazo social que sufre la comunidad trans, un colectivo desterrado a vivir en una ignorada realidad paralela que muchas ignoramos.

No tengo consciencia sobre qué es y qué significa ser trans, y reconozco que nunca me había interesado por este temas hasta que escogíamos «Las Malas» para el Club Bovary de octubre. Pero adentrarme en este universo de la mano de Camila Sosa no ha sido fácil, y tampoco agradable. Un choque de realidad que me ha hecho sentir rechazo y asco. Pero no hacia Camila y sus hermanas, sino hacia el mundo donde les ha tocado vivir.


¿Y en octubre?

Todo apunta a que octubre será un mes movido por mi vuelta a la rutina y a las clases, así que quizás mi ritmo lector bajará un poco. Aun así, Esther ha organizado una nueva lectura conjunta para leer el último título de Patrick Radden Keefe, «El imperio del dolor», y para el Club Bovary, además de «Las Malas», leeré la novela gráfica de «No siento nada».

Además de todas estas lecturas colectivas, tengo otras lecturas en mente para Conspiració Literària que espero poder compartir muy pronto.

Aina.

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