Sostenibilidad,  Zero Waste

Zero waste: 5 ideas para tu cocina

Hace algunas semanas escribía sobre mi #TheNoBuyChallenge fallido y de cómo me había ayudado este reto frustrado a reformular mi compromiso con el mundo de la moda sostenible. Gracias a esta experiencia conseguí ser más eficiente, esforzándome dentro de mis posibilidades para reducir mi huella ecológica a la hora de vestir.

Pero mi compromiso con la sostenibilidad va mucho más allá de mi relación con la industria textil. Este comprende todos los aspectos de mi vida: la alimentación, el cuidado personal, el transporte… Y en todos estos ámbitos he seguido el mismo patrón que con la moda sostenible: pasé por una primera fase de obsesión para luego adoptar una actitud más moderada y factible. Predecible, ¿no?


La sostenibilidad en la cocina

La alimentación es un buen ejemplo de esta transformación progresiva que he experimentado. Desde hace años tengo una gran afición por la gastronomía y disfruto cocinando y comiendo. Así que cuando empecé a tomar consciencia de mi impacto ecológico, enseguida me di cuenta de la gran cantidad de plásticos y materiales de un solo uso que utilizaba a diario. Y empecé mi cruzada para poner fin a este despilfarro.

En un primer momento, como os decía, me obsesioné y decidí hacer el 100% de mi compra en tiendas de productos a granel o bien en aquellas que me permitieran prescindir de envases. No fue una tarea fácil, ya que en esa época todavía no existía tanta oferta ni concienciación como ahora y muchos productos, incluso en la frutería, venían recubiertos en plástico sin motivo alguno.

Tras renunciar a comer algunos alimentos, como los quesos del supermercado o la leche de coco en lata, y de pelearme con numerosos cajeros y cajeras (✌️), me di cuenta de que esta lucha me provocaba más angustia y mal humor que beneficios. Así que decidí reintroducir algunos elementos envasados, siempre que fuera puramente imprescindible, y adoptar una actitud más positiva y divulgativa en cuanto al uso del plástico.

También decidí reenfocar mi atención y mis esfuerzos hacía aquellos ámbitos que solo dependieran de mí, como por ejemplo reducir el desperdicio alimentario y adoptar una mentalidad de zero waste en la cocina.


Cómo practicar el zero waste

Siguiendo la máxima del chef Sebastian Simon “no es más sostenible el que más recicla sino el que menos basura genera“, he aplicado algunas prácticas en mi día a día para reducir mi impacto. Según Simon, autor de Cocina Zero Waste, debemos tener en mente las 5 Rs: Rechazar, Reducir, Reutilizar, Reparar y Reciclar. Estas aplican tanto a alimentos, como a procesos y electrodomésticos y utensilios, y yo me las he grabado a fuego en la cabeza.


1. (Re)Utiliza tus propios botes o bolsas

Obvio, ¿no? Nos lo han dicho millones de veces, pero siempre oigo a alguien en la caja del supermercado pidiendo una bolsa para cargar su compra. Y los supermercados las siguen ofreciendo: de fécula de patata, de papel, de maíz… Sin importar de qué están hechas, estas bolsas tienen una vida útil de 15 minutos y acabarán en conviertiéndose un residuo que podemos evitar.

Cuando compro en una tienda a granel suelo llevar mis propios botes. Me lo tomo casi como una peregrinación, una excursión divertida que generará algunas risitas en el autobús por el sonido de los cristales chocando suavemente entre sí dentro de mi tote bag. También suelo llevar en el bolso unas bolsitas de tela para que el plástico no me pille nunca desprevenida. Cuando voy al supermercado, llevo conmigo una bolsa grande reutilizable, como las de IKEA, para no tener que pedir una desechable en la caja.

*Para que puedas encontrar cuáles son las tiendas a granel más cercanas he creado esta guía en Instagram para comprar Zero Waste en Barcelona.


2. Conserva correctamente los alimentos para evitar el desperdicio alimentario

Cuando llego de la compra, dedico un rato a guardar eficientemente los productos. Porque no vale simplemente con vaciar el cesto del mercado y meterlo todo en la nevera. Hay que pensar cómo almacenar los alimentos para que duren el máximo de tiempo posible en las mejores condiciones. Por ejemplo, he descubierto que la lechuga se mantiene mejor si sumerjo sus raíces en agua y la dejo fuera de la nevera. Además, su color verde funciona como una planta más en nuestro pequeño piso 😜 La misma técnica la utilizo para el brócoli, que puede aguantar en la nevera durante 2 semanas con un color intenso increíble.

Otros consejos muy útiles son no mezclar los plátanos con otras frutas para evitar su oxidación; colocar los productos con fecha de caducidad más larga al fondo de la nevera y así dar preferencia a los que se estropearán antes; y limpiar y secar las hortalizas antes de guardarlas para que no cojan humedad y les aparezca esa capa blanquecina y peluda tan desagradable.


3. Reutiliza las sobras alimentarias para crear platos nuevos

¡Aquí es donde me pongo realmente creativa! Cada vez que estoy a punto de tirar sobras o partes descartadas de alimentos, mi cabeza empieza a buscar formas de reutilizarlos y salvarlos del cubo de la basura. En este campo, mi mayor descubrimiento fue el tronco del brócoli: un alimento con un intenso sabor y muy versátil, fácil de utilizar y sin coste añadido.

Si no recuerdo mal, fue a través de Laura Garcia que descubrí cómo reutilizar el tronco del brócoli. Ella lo trituraba y lo salteaba, a veces acompañado de huevo como parte de un revuelto rápido. Nosotros hacemos lo mismo: cuando cortamos el tronco para colocar el brócoli en su vasito de agua, lo guardamos en la nevera y cuando tenemos 3 o 4, los trituramos y salteamos con un poco de aceite. A veces le añadimos tofu, setas, puerros y otros vegetales para que se convierta en un plato completo, y lo acompaño de algo de verde.

Mi otro gran descubrimiento fue el caldo de restos o caldo de descartados, como me gusta llamarle. Durante una formación culinaria en la escuela de cocina Hofmann me explicaron que las setas eran un ingrediente ideal para dar color y sabor a los caldos. Desde entonces, guardo los pies de los Portobello o los champiñones blancos para saltearlos y utilizarlos como base. En la olla suelo añadir algunas hojas verdes de puerro que antes descartaba, ajos viejos y alguna zanahoria moribunda que ronde por el cajón de la nevera. Y es el mejor caldo que he hecho jamás.


4. Recicla las sobras alimentarias para obtener productos nuevos

Hay alimentos que cuando crees que ya no pueden dar más de sí, van y te sorprenden. No te diré que utilices el poso del café para hacerte una mascarilla facial porque creo que hay líneas rojas que nunca deben cruzarse. Ni siquiera en nombre del zero waste. Pero sí que existen maneras de reciclar sobras o residuos orgánicos que no podemos consumir para que no se conviertan productos nuevos muy útiles. De entre todas estas ideas arriesgadas que corren por Instagram y Pinterest, mi favorita es el fertilizante natural a base de piel de plátano y agua.

Nosotros también, durante el confinamiento, decidimos convertir nuestros 36 metros cuadrados en un espacio más verde, así que compramos algunas plantas en Alblanc Atelier. Para cuidarlas, quería utilizar fertilizantes pero no me convencían los químicos envasados, así que opté por guardar con agua un par de pieles de plátano y utilizar el líquido resultante para regar las plantas algunos días más tarde. Y ¡tará! Están preciosas, incluso diría que lo echan de menos aquellos meses en los que se me olvida jugar a ser ingeniera botánica.

Otras opciones muy válidas son utilizar el agua de hervir las patatas o sí, en efecto, el poso de café para nutrir la tierra de nutrientes.


5. Invierte en los productos zero waste que sí valen la pena

Pero el zero waste no se aplica solamente a los ingredientes, sino que también puede incluir los utensilios que utilizamos. Aparte de las bolsas de tela, la bolsa de IKEA o tus propios botes de cristal, vale la pena invertir en productos como las esponjas de luffa y los cepillos biodegradables para fregar los platos, en los papeles encerados para envolver productos como el queso o los aguacates, y en las bolsas de silicona herméticas para congelar alimentos como la carne o el pescado.

Es necesario estar atento y ser sensible a todas aquellas estratégias de Marketing que están convirtiendo la filosofía zero waste en una moda, obligándonos a adquirirs productos para ser más sostenibles. Porque la clave está no en comprar más, sino en elegir los productos que generen menos residuos en todas sus fases (producción, distribución, comercialización, uso y reciclaje).


Estoy segura de que existen muchísimas maneras más de ser sostenible en la cocina y de aplicar la filosofía del zero waste, pero estas 5 son una forma fácil y accesible de iniciar este camino. Porque como suelo decir, ¡lo importante es empezar!

Aina,

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Información básica sobre protección de datos Ver más

  • Responsable Aina Sebastià Martínez.
  • Finalidad  Moderar los comentarios. Responder las consultas.
  • Legitimación Tu consentimiento.
  • Destinatarios  CDmon.
  • Derechos Acceder, rectificar y suprimir los datos.
  • Información Adicional Puedes consultar la información detallada en la Política de Privacidad.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.